Para crear una marca de belleza se deben abordar de manera simultánea distintas dimensiones del negocio. La identidad y el posicionamiento definen cómo se percibe la marca; el plan de negocios establece costos, márgenes y necesidades de inversión; el ámbito jurídico garantiza que cada producto pueda comercializarse legalmente y acorde al marco regulatorio; la estrategia comercial decide los canales de distribución y el precio; y, por último, el desarrollo de productos de belleza convierte una idea en un producto tangible para los clientes.
Pero el desarrollo de un producto de belleza comprende mucho más que la formulación. Desde las primeras etapas, es necesario resolver de manera articulada cómo será el producto, en qué empaque se presentará y cómo podrá fabricarse a la escala que requiere la marca:
Un producto de belleza no llega al mercado solo porque su fórmula funcionó en el laboratorio. La fórmula define la esencia del producto; el empaque garantiza que conserve sus propiedades, atrae al consumidor en el punto de venta y facilita su uso día a día; y la manufactura es la que hace posible la fabricación del producto en los volúmenes que la demanda requiere.
Cuando estos tres componentes se desarrollan por separado, aparecen problemas que pueden comprometer el producto y el proyecto. Una fórmula puede funcionar correctamente en el laboratorio y presentar dificultades al entrar en contacto con el material del envase; un empaque puede cumplir su función y, sin embargo, resultar difícil de producir o llenar a escala; y una formulación que funciona en pruebas de laboratorio puede requerir ajustes cuando llega a un proceso industrial. Lo que funciona en cada etapa por separado no garantiza que el producto funcione como un todo.
El desarrollo de un producto de belleza avanza en seis etapas definidas, desde el brief hasta la manufactura.
Prebel integra desarrollo y manufactura en un mismo proceso, respaldado por más de 85 años de experiencia, capacidades técnicas y conocimiento de la industria para convertir proyectos de belleza y cuidado personal en productos listos para llegar al mercado.
Escalar una fórmula no es fabricar más cantidad de lo mismo. La velocidad de mezcla, los tiempos de calentamiento y enfriamiento, y la presión de los equipos industriales son distintos a los de un laboratorio, y esas diferencias pueden alterar el resultado final, aunque la fórmula, en el papel, sea idéntica.
Una emulsión estable en las pruebas de laboratorio puede separarse al pasar a condiciones de producción industrial. Cuando la emulsión no se genera bajo las condiciones industriales ideales, es probable que las micelas de agua y aceite no logren estabilizarse y pierdan su uniformidad. Factores como una marmita de mezcla de mayor tamaño, un diámetro de homogeneización más amplio o los cambios de tecnología entre los equipos utilizados durante el escalado pueden modificar el comportamiento de la espuma o la viscosidad de una fórmula que parecía adecuada en el laboratorio.
Considerar estos riesgos oportunamente exige conocimiento técnico específico sobre cómo se comporta cada fórmula al cambiar de escala. Por eso es tan importante la elección del fabricante y su participación en la formulación del producto.
Cuando formulación, empaque y manufactura se consideran desde el inicio como parte de un mismo proyecto, las decisiones de cada etapa tienen en cuenta las necesidades de las siguientes. Esto permite anticipar ajustes, reducir reprocesos, acortar los tiempos de desarrollo y trabajar con un presupuesto más preciso.
Para la marca, esto se traduce en llegar al lanzamiento con un producto listo para entrar en sus canales de venta, en la cantidad, las condiciones de calidad y los tiempos acordados.
En Prebel, integramos investigación, mercadeo y manufactura desde las primeras etapas del desarrollo. Así, las decisiones sobre el diseño, consideran desde el comienzo variables como la fabricación, el envasado y los demás requerimientos necesarios para lanzar el producto al mercado.
Por eso, el valor de un CDMO no está en resolver cada etapa de manera independiente, sino en articularlas para que el desarrollo de productos de belleza avance desde la formulación hasta la producción sin perder de vista las necesidades del negocio.
Somos un CDMO avanzado con más de 85 años de experiencia.
El desarrollo de un producto de belleza contempla seis etapas. El brief define la categoría y los objetivos del producto, la formulación desarrolla la fórmula en laboratorio, la viabilidad aplica pruebas de estabilidad y compatibilidad, el lote piloto confirma el comportamiento de la fórmula a mayor escala, el empaque se define y valida en paralelo, de forma compatible con esa fórmula, y la manufactura produce el volumen final en planta.
Un resultado exitoso en laboratorio demuestra que la fórmula puede funcionar bajo condiciones controladas. Sin embargo, para que un lanzamiento sea exitoso también es necesario que el producto pueda fabricarse de manera repetible, conserve sus atributos durante la vida útil, sea compatible con el envase elegido y cumpla las expectativas técnicas, sensoriales, económicas y regulatorias.
En el laboratorio se trabaja con lotes pequeños, equipos de alta eficiencia y ajustes casi inmediatos. El formulador puede observar la mezcla de cerca, modificar la agitación, corregir el pH o extender manualmente el tiempo de homogeneización. En producción, esas condiciones cambian: el volumen es mucho mayor, el equipo tiene otra geometría y las correcciones son más lentas, costosas y riesgosas.
Al pasar de un lote de laboratorio a producción industrial pueden cambiar las condiciones de mezcla, homogeneización y transferencia de calor, generando grumos, aireación, sedimentación, variaciones de viscosidad, inestabilidad o degradación de componentes. También influyen el orden y la velocidad de adición, la variabilidad de las materias primas, los tiempos de espera, el bombeo, el llenado y la interacción con el envase, factores que pueden afectar la textura, la dosificación, la estabilidad y la seguridad microbiológica. Por ello, pensar en escalar no se trata solo de mantener la fórmula y las revoluciones, sino en validar, mediante lotes piloto, las condiciones críticas de proceso, llenado, estabilidad y compatibilidad con el envase final.
Reduce la necesidad de ajustes posteriores al lanzamiento, acorta los tiempos de desarrollo y permite ejecutar el presupuesto con mayor precisión, además de que el producto llegue listo a los canales de venta en la fecha acordada.
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